Los primeros habitantes de Alagón empiezan a asentarse en la localidad a partir de 1957. Proceden en su mayoría de Granadilla y Martinebrón (Sotoserrano), pueblos que han tenido que ser abandonados, al decretar el Estado, por acuerdo del Consejo de Ministros en 1955 la expropiación de todo su término municipal a través de la Confederación Hidrográfica del Tajo, al preverse su inundación futura por la creación del embalse de Gabriel y Galán.
El desalojo de estos pueblos constituyó un hecho traumático para todas estas personas ya que ninguna de ellas estaba dispuesta a abandonar sin más la tierra que los vio nacer. Se resistió hasta donde fue posible, pero llegó un momento en que se vieron obligados a recoger sus pertenencias e iniciar un camino cuyo final era prácticamente desconocido para todos.
Atrás quedaron las casas, en las que habían nacido y vivido varias generaciones; las calles quedaron desiertas; las plazas, perdieron para siempre la risa de los niños y sus juegos, la música de los días de fiesta, la tertulia de los mayores; y las tierras desaparecieron bajo las aguas o quedaron estériles para siempre.
En definitiva, sobre todo para los ancianos, quedaba atrás toda una vida de la que únicamente les quedarían sus recuerdos. Familias, amigos, vecinos, se vieron forzados en algunos casos a separarse al optar por establecerse en lugares diferentes.
Fueron tiempos muy duros para estas primeras familias de colonos y obreros, ya que ni siquiera estaban terminadas de construir las viviendas que se les habían destinado, teniendo que alojarse, algunos durante varios años en barracones. No tenían electricidad ni agua corriente y por tanto carecían de los servicios higiénicos mínimos. Existía hacinamiento y las condiciones de habitabilidad eran pésimas.
Por otro lado, tampoco existía ningún tipo de servicio (médico, sacerdote, maestros, comercios...) teniendo que desplazarse hasta Galisteo y, este desplazamiento había que realizarlo cruzando en barca el río al no existir ninguna otra vía de comunicación.
Las primeras cosechas prácticamente se perdieron al no estar concluida la red de canalización, obligando a varias familias a marchar de nuevo buscando una oportunidad para mejorar su precaria situación económica.
Poco a poco las cosas fueron mejorando, llegó el agua, se terminó la construcción de las fases iniciales del pueblo, fueron instalándose los servicios de los que se carecía. La gente fue adaptándose a la nueva situación, recuperando la ilusión y luchando por mejorar un pueblo que aunque todavía no sentían como suyo, sí lo sería en un futuro para sus hijos y nietos.
Fuente : Pagina Web Alagón